El precio de los resultados de una investigación universitaria

 

Las medidas adoptadas en torno a las relaciones universidad y empresa en los últimos años han ido encaminadas a fomentar y desarrollar el patronazgo empresarial de la investigación universitaria. Por ello, es de vital importancia que las universidades y sus OTRIs lleguen a fijar de la mejor forma posible los costes y precios de los resultados de sus investigaciones.

Habitualmente en los acuerdos de transferencia de conocimiento universidad-empresa el precio de los resultados de la investigación se fija basándose en los costes, tanto directos como indirectos. Es decir, los importes de los proyectos concedidos que han facilitado la investigación más los costes de personal a grandes rasgos más los procedentes de actividades paralelas que complementan la principal, lo que puede provocar que las inversiones y gastos realizados no se recuperen totalmente. Los costes indirectos se fijan sobre el total generalmente, lo que puede provocar una cierta sensación por parte de las empresas de que son fijados de una forma algo aleatoria, ya que suponen en torno al 10 o al 15% (según el informe “Los costes de los contratos de investigación en la universidad española”). Este mismo informe concluye que la universidad española adolece de tres defectos básicos, que provocan que generalmente se presupueste por debajo del coste total:

  • La costumbre de los investigadores y gestores de presupuestar únicamente los costes marginales más las retribuciones extraordinarias, obviando los costes de personal de plantilla.
  • La existencia de tasas de costes indirectos aparentemente por debajo de la realidad.
  • La confusión entre tasa de costes indirectos y tasa de participación en el superávit.

Sin embargo, a todo ello habría que añadir además el valor del resultado que se va a transferir. El precio de los resultados de una investigación viene condicionado por el coste que ha necesitado e incluso por factores como los impuestos que se apliquen, la escasez o no de investigaciones similares o la habilidad de venderlo. Pero el valor es el beneficio que vamos a obtener del uso de ese resultado y ahí debemos tener en cuenta también el proceso de trabajo y estudio que nos ha llevado al resultado.

Para conseguir un precio a un resultado de una investigación basado en el valor debemos tener en cuenta que el proceso comienza en los posibles destinatarios. Es decir, vamos determinar quiénes son los posibles interesados, qué beneficios pueden obtener de la investigación y cuánto estarían dispuestos a pagar por ese obtener se beneficio. La fórmula es básicamente la misma que muchas multinacionales han usado desde hace décadas para encontrar y fabricar nuevos productos, pero en el caso de la universidad no podemos pensar en una investigación que comienza con el objetivo de vender un producto o servicio y por eso el proceso debemos hacerlo al final y no al comienzo.

De esta forma, teniendo en cuenta el valor y no sólo el coste de la investigación, la cuestión de los costes indirectos y la desconfianza que sus cálculos provocan quedan en un segundo plano. Porque lo más importante en resultado de la investigación no puede ser nunca el coste que ha requerido sino los beneficios que va a tener para la empresa destinataria.

 
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