La profesión de historiador y la gestión de proyectos de innovación

Empresas, consultoras de recursos humanos e, incluso, entidades públicas ven a menudo los estudios de Historia como una profesión destinada únicamente a la docencia o, en el mejor de los casos, a la investigación. Sin embargo, desde hace varios años y desde diversos ámbitos estamos asistiendo a una nueva – y necesaria- puesta en valor de los studia humanitatis, como ya comentamos en este artículo.

Un historiador no es un profesional que se dedica sólo al estudio del pasado. El estudio, el análisis, la reflexión, la síntesis y la evaluación de los procesos sociales del pasado tiene un fin más allá del mero conocimiento del pasado: la comprensión y la correcta interpretación del presente. Por ello, la Historia estudia también las relaciones de los seres humanos con el tiempo, analizando los procesos de cambio y continuidad, además de favorecer el desarrollo de ciertas aptitudes, como la capacidad crítica y reflexiva, la sensibilidad social, una visión multidisciplinar e, incluso, un compromiso de actualización profesional constante.

Cualquier entidad debe conocer las series temporales para identificar correctamente los ciclos de sus productos y servicios, porque conocer y comprender cómo hemos llegado hasta el momento presente como sociedad es lo que nos permite identificar y plantear posibles soluciones a los problemas actuales. Y ahí, el historiador cuenta con un gran número de herramientas para buscar, indagar, ordenar y sistematizar la información con objeto de convertirla en conocimiento, además de estar capacitado para determinar la fiabilidad de una información y de las fuentes, así como de detectar intereses ocultos o compromisos que puedan afectar directamente al planteamiento y forma de esa información.

En un mundo hiperconectado, en esa sociedad del conocimiento que se augura desde hace años y, más concretamente en la gestión de proyectos internacionales, es de vital importancia conocer el pensamiento y la cultura de aquellos países con los que vamos a trabajar. Pero también contar con una visión global del proceso y de la investigación para conseguir explicar adecuadamente los beneficios del proyecto. Y, por supuesto, es imprescindible saber localizar documentos e interpretarlos aplicando un principio de respeto y de clasificación.

Sin embargo, y aunque la presencia de historiadores en el mundo empresarial y más aún en la gestión de proyectos internacionales sigue siendo escasa, el historiador no es un profesional minusvalorado en todos los países o, al menos en los Estados Unidos, según se desprende de este estudio en The Wall Street Journal, aunque en nuestro país también tenemos algún ejemplo. Y es que, aunque la gestión de proyectos de I+D+i es una tarea multidicisplinar, probablemente se vería beneficiada con unos cuantos historiadores…

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